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13 marzo 2008

Claudio, es cierto, siempre la claridad viene del cielo

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

(Este poema pertenece al primer libro de poemas de Claudio Rodríguez, poeta zamorano que ganó el "Premio Adonáis" con Don de la ebriedad en 1953. He utilizado como fuente la Poesía completa de este autor publicada por Tusquests en "Nuevos textos sagrados", nº. 198)

2 comentarios:

  1. Opino lo mismo que macbeth, ya es hora de que retome la poesía, que la tengo muy poco cultivada. Con ejemplos como éste se da uno cuenta de lo que se pierde por no leer más.

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  2. Desgraciadamente el comentario anterior al realizado por Macbeth, lo he perdido. Lo siento, porque no tenía desperdicio.

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