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28 mayo 2008

La maestría del absurdo

El otro día, viendo un programa, salió el famoso vídeo de Tip y Coll sobre las instrucciones de llenar un vaso con agua, un clásico de nuestra historia teatral cómica. La recuerdo para gusto del lector y para el mío propio, ya que, como dice un colega, el blog en muchas ocasiones es onanista.



(Fuente: youtube)

Partiendo de este clásico (y alejándome de la acepción recogida por Jesús), mi cerebro, automáticamente, rememoró una época anterior, la del precursor del teatro del absurdo: Miguel Mihura (1905-1977).

Este dramaturgo se dedicó en cuerpo y en alma a la tarea nada fácil de la elaboración de obras teatrales y se empapó, desde su infancia- pues su padre fue actor-, de este adictivo mundo, entre la bohemia, la ilusión y la aventura. Porque el teatro, a pesar de que siempre se sitúa en nuestros siglos XX y XXI en una cuerda floja, es una manifestación artística que penetra con enorme sencillez en el alma (atea o no) del ser humano.

Es difícil situar a Mihura en un movimiento literario concreto, de hecho creo que es indiferente a la hora de valorar y de gozar de sus obras. Lo que sí quisiera destacar es que se ubica en una trayectoria innovadora de la escena junto con sus coetáneos Unamuno, Valle-Inclán, Azorín, Gómez de la Serna, García Lorca, Jardiel Poncela... Sin embargo, por otro lado, se debatirá entre la ruptura y la devoción al público. De este modo, se podría asegurar que Mihura evoluciona hacia un teatro acorde con los gustos del público, pero sin abandonar la esencia de su concepción dramática: recoge en sus obras el absurdo de la vida (la escasez de lógica de ciertas situaciones) y este modo de plasmar la existencia humana muestra cómo algunos tópicos del ser humano son ridículos e, incluso, grotescos.

De entre todas sus obras, la que adoro es Tres sombreros de copa (1932), cuya representación se pospuso al año 52, ya que, aunque el autor no tenía esa idea, la sociedad del momento, consumidora del teatro, no estaba preparada para asimilar esta grandísima joya literaria y escenográfica.

De este drama se pueden mencionar muchos aspectos, que conocen mejor los especialistas. Yo me quedo con uno: la presencia del teatro dentro del teatro. Para aquellas personas que amamos este género resulta interesante comprobar cómo se analiza la escena desde el interior de esta (ahora, de golpe, pienso en Hamlet, donde el protagonista contrata a una compañía para que represente la muerte de su padre). El teatro en el teatro y desde el teatro no es una cuestión casual en Mihura, ya que refleja parte de sus experiencias vitales en esta obra.

Para disfrute del amante del patio de butacas, muestro un fragmento de
Tres sombreros de copa. La verdad es que me apena descuartizar la obra, pero no existe otro modo de enseñar la maestría del absurdo que contiene:

paula. (Que, distraída, no hace caso a este diálogo.) Este cuarto es mejor que el mío...

dionisio. Sí. Es mejor. Si quiere usted lo cambiamos. Yo me voy al suyo y ustedes se quedan aquí. A mí no me cuesta trabajo... Yo recojo mis cuatro trapitos... Además de ser más grande, tiene una vista magnífica. Desde el balcón se ve el mar... Y en el mar tres lucecitas... El suelo también es muy mono... ¿Quieren ustedes mirar debajo de la cama?...

buby. (Seco.) No.

dionisio. Anden. Miren debajo de la cama. A lo mejor encuentran otra bota... Debe de haber muchas...

paula. (Que sigue distraída y sin hacer mucho caso de lo que dice dionisio, siempre azoradísimo.) Haga usted algún ejercicio con los sombreros. Así nos distraeremos. A mí me encantan los malabares...

dionisio. A mí también. Es admirable eso de tirar las cosas al aire y luego cogerlas... Parece que se van a caer y luego resulta que no se caen... ¡Se lleva uno cada chasco!

paula. Ande. Juegue usted.

dionisio. (Muy extrañado.) ¿Yo?

paula. Sí. Usted.

dionisio. (Jugándose el todo por el todo.) Voy. (Se levanta. Tira los sombreros al aire y, naturalmente, se caen al suelo, en donde los deja. Y se vuelve a sentar.) Ya está.

paula. (Aplaudiendo.) ¡Oh! ¡Qué bien! ¡Déjeme probar a mí! Yo no he probado nunca. (Coge los sombreros del suelo.) ¿Es difícil? ¿Se hace así? (Los tira al aire.) ¡Hoop!

(Y se caen.)

dionisio. ¡Eso! ¡Eso! ¡Ha aprendido usted en seguida! (Recoge del suelo los sombreros y se los ofrece a buby.) ¿Y usted? ¿Quiere jugar también un poco?

(Fuente: Tres sombreros de copa de Miguel Mihura, publicado por la editorial Cátedra)

A Lourdes, que ama el teatro tanto o más que yo

1 comentario:

  1. Una vez mas, excelente articulo, muy bueno el loco de Mihura, no lo conocia, bueno ya sabes que el teatro no es el campo en el que mejor me manejo ni mucho menos, conozco casi tan poco de teatro como de matematicas.
    y muy gracioso el sketch del video, como siempre, mucho nivel

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