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30 mayo 2008

Velázquez, ante ti, me arrodillo

Una de las cosas que le debo profundamente a mis padres es el amor y el respeto que me han inculcado hacia la cultura. Recuerdo las historias que me contaban de la Ilíada o de la Odisea, así como los inmensos libros de Arte que hojeaba tempranamente. Seguro que mi padre aún siente el aroma desprendido por sus óleos, mezcla de pinturas y de fragancias del paisaje que retrataba. Seguro que mi madre rememora las tardes de lectura en el salón, acompañadas por una música excelente que iba desde Chaikovski hasta Elvis Presley, pasando por el swing, el rock, etc..

Yo, hoy, me quedo con la pasión por la pintura, pues, en una conversación sobre esta bella forma de plasmar la perspectiva sobre la época contemporánea de los precisos pinceles, salió mi adorado Velázquez, al que acompaño con Fionna Apple y su When The Pawn. Mezcla, a mi entender, excelente.

De Velázquez sabemos mucho. Vivió plenamente en el Barroco español, siglo dorado, junto con el Renacimiento, en cuanto al desarrollo de las distintas vertientes artísticas (arquitectura, literatura, orfebrería, etc.). Pero co
mo jamás tengo afán enciclopédico, pues no deseo quitarle ese puesto a los que almacenan datos por el llano placer de sentirse continente de ellos, me centro, sencillamente, en el disfrute que supone la contemplación de su obra.

Cualquier visitante del Museo del Prado madrileñ
o ha de asistir al espectáculo de los óleos de este maestro de maestros, bebedor de las corrientes italianas o del mismísimo Rubens, por citar algunos de sus intercambios y de sus experiencias pictóricas. Si vas de viaje a España y no participas de este goce, no has pasado por este país ni por su historia más relevante.

La sala dedicada a Velázquez se halla a la alt
ura de la talla de este autor. En esa sala pasaría horas enteras observando cuadros como Las Meninas, Los Borrachos, La fragua de Vulcano, etc. y escribiendo líneas eternas inspiradas por el olor a tinturas, por la visión de mundos alejados y próximos, en ese espacio donde el tiempo se para y los lugares convergen en la mente. En el centro, unos bancos te invitan a introducirte en el Barroco a través de retratos, de interpretaciones mitológicas asociadas a la cotidianeidad,... En fin, todo y nada, sólo la esencia del artista. Acércate a cada obra y ve alejándote paulatinamente; míralas desde todos los ángulos que imagines. Aprehende; agarra cada trazo del pincel. Entonces podrás decir que el arte forma parte de ti y vives en él.

Como no podía ser de otra forma, mi cuadro favorito de este genio es El triunfo de Baco, más conocido como Los borrachos. Digo que no puede ser de otra forma porque lo percibo como la perfecta unión entre el paganismo, el pueblo y la cultura, desarrollada en dos vertientes- la derecha y la izquierda- que confluyen en esa mano que posa el dios latino coronando a un mortal arrodillado.


(Fuente: wikipedia)

A pesar de que siempre me sorprenda al contemplarlo, resulta difícil escoger entre las piezas que constituyen la evolución de Velázquez, porque, yo, ante ti, me arrodillo.

(Para que luego me digas que no me inspiras. Dedicado a ti)

3 comentarios:

  1. Gracias Melibea por tu excelente regalo para este fin de semana.Contemplaré a Velazquez y de fondo sonorá Fionna. Tienes un gusto exquisito. Felicidades.

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  2. Meliii, gracias x el articulo.
    Qué buena combinación para los sentidos y sobre todo para el alma.
    Esa
    Esa sensación de plenitud, de deleite de sentidos,me recuerda a las conversaciones que tengo con cierta persona...

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  3. De Velázquez, que se puede decir , solo contemplar sus cuadros y admirar esa atmósfera, ese aire tan real que envuelve todas sus pinturas. Tenemos suerte de tenerlo tan cerca y podernos acercarnos a contemplar su obra.

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