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12 junio 2008

La bajada a los Infiernos

Recientemente, al escuchar la estupenda opereta de Dolina, Lo que me costó el amor de Laura (1998), se cruzaron varias ideas por mi cabeza. Mis lectores saben que carezco de afán documental, pero sí se me ocurrió hablar del Infierno, los Infiernos, el Hades o cómo lo llamemos cada uno; pues en la opereta, en Luces de Bohemia (1920) de Valle y en El estudiante de Salamanca (1840) de Espronceda, este mundo adquiere tal encanto y autonomía que me veo incapaz de evadirme de sus múltiples atractivoss.

¿Por qué he escogido estas tres obras? Bueno, pues por nada y por múltiples razones. La principal de ellas es por el hecho de que el viaje se convierte en uno de los elementos vertebradores de estas tres composiciones. Para mí el viaje, más que un cambio de lugar, supone un cambio mental. Creo que esto lo reflejan bellamente los tres autores desde José de Espronceda, pasando por Ramón del Valle-Inclán, y culminando con Alejandro Dolina. El viaje es una forma de conocimiento imprescindible. Veamos esa bajada a los infiernos, sin orden ni concierto, simplemente tras la estela de lo que dicte mi incontrolable necesidad de escribir, agravada últimamente por demasiados estímulos.

Empiezo la trayectoria por Espronceda, el grande, el rebelde, el incorregible. En
El estudiante de Salamanca nos presenta la figura de un donjuan satánico, al margen totalmente de las normas morales y en oposición a la obra homónima de José Zorrilla, que bebe del catolicismo y del conservadurismo de un Romanticismo caduco- desde mi humilde punto de vista. Espronceda se adhiere al Romanticismo que pervive actualmente, el Romanticismo que se desarrolla en tendencias artísticas variadas en los siglos XX y XXI (un ejemplo sería la música rock). De toda la obra destaco un pasaje escalofriante, obtenido de la Biblioteca Virtual Cervantes:



[...] raro casamiento venísme a ofrecer:

su faz no es por cierto ni amable ni hermosa,

mas no se os figure que os quiera ofender. 845


Por mujer la tomo, porque es cosa cierta,


y espero no salga fallido mi plan,


que en caso tan raro y mi esposa muerta,


tanto como viva no me cansará.



Mas antes decidme si Dios o el demonio 850

me trajo a este sitio, que quisiera ver


al uno o al otro, y en mi matrimonio


tener por padrino siquiera a Luzbel:



Cualquiera o entrambos con su corte toda,


estando estos nobles espectros aquí, 855

no perdiera mucho viniendo a mi boda...


Hermano don Diego, ¿no pensáis así?



Tal dijo don Félix con fruncido ceño,


en torno arrojando con fiero ademán


miradas audaces de altivo desdeño, 860

al Dios por quien jura capaz de arrostrar.



El carïado, lívido esqueleto,


los fríos, largos y asquerosos brazos,


le enreda en tanto en apretados lazos,


y ávido le acaricia en su ansiedad: 865

y con su boca cavernosa busca


la boca a Montemar, y a su mejilla


la árida, descarnada y amarilla


junta y refriega repugnante faz.



Y él, envuelto en sus secas coyunturas, 870

aún más sus nudos que se aprieta siente,


baña un mar de sudor su ardida frente


y crece en su impotencia su furor;


pugna con ansia a desasirse en vano,


y cuanto más airado forcejea, 875

tanto más se le junta y le desea


el rudo espectro que le inspira horror. [...]



Claramente, se puede apreciar la influencia de la novela gótica inglesa en este poema narrativo. Las calles de la ciudad de Salamanca se transforman en un portal hacia el inframundo.

Otra idea del Hades se baraja en Luces de Bohemia. Max Estrella, un odiseo bohemio, realiza su particular andadura por las calles de Madrid de principios de siglo, acompañado de su perro lazarillo y alterego don Latino de Híspalis. Se entrecuzan con personajes literarios y literaturizados, como Rubén Darío, durante una noche en la que Max visita distintos bares, es encarcelado junto a un obrero catalán, se entrevista con un ministro, etc.. Es una senda que carece de meta reversible; es la marcha hacia el fin trágico del héroe moderno. Compartamos este bello fragmento:

Escena VI

El calabozo. Sótano mal alumbrado por una candileja. En la sombra se mueve el bulto de un hombre. -Blusa, tapabocas y alpargatas.- Pasea hablando solo. Repentinamente se abre la puerta. Max Estrella, empujado y tropicando, rueda al fondo del calabozo. Se cierra de golpe la puerta.


Max: ¡Canallas! ¡Asalariados! ¡Cobardes!

Voz fuera: ¡Aún vas a llevar mancuerna!

Max: ¡Esbirro!


Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve esposado, con la cara llena de sangre.


El preso: ¡Buenas noches!

Max: ¿No estoy solo?

El preso: Así parece.

Max: ¿Quién eres, compañero?

El preso: Un paria.

Max: ¿Catalán?

El preso: De todas partes.

Max: ¡Paria!... Solamente los obreros catalanes aguijan su rebeldía con ese denigrante epíteto. Paria, en bocas como la tuya, es una espuela. Pronto llegará vuestra hora.

El preso: Tiene usted luces que no todos tienen. Barcelona alimenta una hoguera de odio, soy obrero barcelonés, y a orgullo lo tengo.

Max: ¿Eres anarquista?

El preso: Soy lo que me han hecho las leyes.

Max: Pertenecemos a la misma Iglesia.

El preso: Usted lleva chalina.

Max: ¡El dogal de la más horrible servidumbre! Me lo arrancaré, para que hablemos.

El preso: Usted no es proletario.

Max: Yo soy el dolor de un mal sueño.

El preso: Parece usted hombre de luces. Su hablar es como de otros tiempos.

Max: Yo soy un poeta ciego.

El preso: ¡No es pequeña desgracia!... En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.

Max: Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol.

El preso: No basta. El ideal revolucionario tiene que ser la destrucción de la riqueza, como en Rusia. No es suficiente la degollación de todos los ricos. Siempre aparecerá un heredero, y aun cuando se suprima la herencia, no podrá evitarse que los despojados conspiren para recobrarla. Hay que hacer imposible el orden anterior, y eso sólo se consigue destruyendo la riqueza. Barcelona industrial tiene que hundirse para renacer de los escombros otro concepto de la propiedad y el trabajo. En Europa, el patrón de más negra entraña es el catalán, y no digo del mundo porque existen las Colonias Españolas de América. ¡Barcelona solamente se salva pereciendo!

Max: ¡Barcelona es cara a mi corazón!

El preso: ¡Yo también la recuerdo!

Max: Yo le debo los únicos goces en la lobreguez de mi ceguera. Todos los días, un patrón muerto, algunas veces, dos... Eso consuela.

El preso: No cuenta usted los obreros que caen...

Max: Los obreros se reproducen populosamente, de un modo comparable a las moscas. En cambio, los patrones, como los elefantes, como todas las bestias poderosas y prehistóricas, procrean lentamente. Saulo, hay que difundir por el mundo la religión nueva.

El preso: Mi nombre es Mateo.

Max: Yo te bautizo Saulo. Soy poeta y tengo derecho al alfabeto. Escucha para cuando seas libre, Saulo. Una buena cacería puede encarecer la piel de patrón catalán por encima del marfil de Calcuta.

El preso: En ello laboramos.

Max: Y en el último consuelo, aun cabe pensar que exterminando al proletario también se extermina al patrón.

El preso: Acabando con la ciudad, acabaremos con el judaísmo barcelonés.

Max: No me opongo. Barcelona semita sea destruida, como Cartago y Jerusalén. ¡Alea jacta est! Dame la mano.

El preso: Estoy esposado.

Max: ¿Eres joven? No puedo verte.

El preso: Soy joven. Treinta años.

Max: ¿De qué te acusan?

El preso: Es cuento largo. Soy tachado de rebelde... No quise dejar el telar por ir a la guerra y levanté un motín en la fábrica. Me denunció el patrón, cumplí condena, recorrí el mundo buscando trabajo, y ahora voy por tránsitos, reclamado de no sé qué jueces. Conozco la suerte que me espera: Cuatro tiros por intento de fuga. Bueno. Si no es más que eso...

Max: ¿Pues qué temes?

El preso: Que se diviertan dándome tormento.

Max: ¡Bárbaros!

El preso: Hay que conocerlos.

Max: Canallas. ¡Y ésos son los que protestan de la leyenda negra! [...]

(fuente: lainsignia)


Ciertamente, es un episodio emocionante, que no me canso de leer. Se juntan dos personajes, con una entidad personal intensa, para debatir sobre temas como la tortura, la situación social del obrero, la injusticia...

Finalmente, Lo que me costó el amor de Laura tiene la habilidad de reproducir con palabras y con música el delirante viaje en busca del amor imposible. Dolina, como dice uno de sus personajes, muestra que la vida es un juego en el que perder o ganar es lo de menos. En ese juego o en ese viaje rememorado se erige hermosamente "Está lindo el barrio", cantada por Serrat:



(fuente: youtube)

Tal y como termina la pieza, al protagonista se le avisa de que su curiosidad, su búsqueda, tiene un alto precio. En realidad, toda búsqueda, todo intento por encontrar el Bellocino de oro, nos sale caro a todos.

Así es visto el infierno por tres autores. Por supuesto, al lector le aconsejo que admire estas obras en toda su extensión y a placer.

Al cazador de dragones

1 comentario:

  1. Què hermosa selección, mmm, es loco pero en estos dias pensé bastante en la bajada al infierno...
    no puedo dejar de pensar en una dama que en poco tiempo bajará al infierno, pero el de este mundo, en una busqueda audaz

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