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21 junio 2008

"La Celestina" (1499) de Fernando de Rojas y su ubicación en el desarrollo teatral castellano de la época

El paso de la Antigüedad a la Edad Media vio desaparecer las formas teatrales del mundo clásico. Sin embargo, el espectáculo público perduró gracias a los juglares, que fueron objeto de censura eclesiástica y víctimas de castigos.

Pero la actividad juglaresca, aunque pudo influir en el desarrollo de la dramaturgia, no está en el origen del teatro medieval. En el siglo XI empiezan auténticas representaciones teatrales vinculadas con la liturgia y centradas en la vida y pasión de Cristo. A partir del siglo XII se amplía la temática y se incluyen nuevos episodios de la vida de Jesús, distintas escenas y figuras del Antiguo Testamento (Representación de los Reyes Magos). Desde el siglo XII al XV hay una laguna en cuanto a la actividad teatral. Será Gómez Manrique quien recupere esta tradición del teatro litúrgico.

Ya desde mediados del siglo XV, fuera de las iglesias y monasterios también se acostumbraba a representar piezas cercanas al teatro, muchas veces relacionadas a festividades o celebraciones: los momos y los entremeses. Estas representaciones tenían como público al pueblo y a la nobleza.

Dos figuras fundamentales de los comienzos del teatro son Juan del Encina y Lucas Fernández. El primero produjo teatro religioso y teatro inspirado en la Antigüedad clásica y en la literatura contemporánea. No obstante, su viaje a Italia provocará innovaciones importantes en su hacer: el Renacimiento influirá en la construcción de diálogos, de los personajes y de la acción. El segundo, Lucas Fernández, desarrolla la comicidad y fija modelos para sus personajes. Escribió obras profanas, deudoras de Juan del Encina, y religiosas.

Si Juan del Encina y Lucas Fernández se hallan dentro de la tradición medieval, La Celestina inaugura una época distinta.

Existen dos versiones diferentes de esta obra. La primera, Comedia de Calisto y Melibea, ve la luz en Burgos (1499) a cargo de Fadrique de Basilea. Constituye el incunable más valioso de la Edad Media. Posee dieciséis actos y un argumento previo a cada acto. Carece de páginas iniciales. Debido a su éxito inmediato, le sucedieron las reediciones de Toledo (1500), a cargo de Hagenbach, y Sevilla (1501), a cargo de Polono. En ellas, hay título, incipit, argumento general, «Carta del autor a un su amigo», «El autor escusándose» (en versos acrósticos donde surge el nombre del autor) y las coplas del corregidor.

La segunda versión, la Tragicomedia de Calisto y Melibea (Roma, 1506; Zaragoza, 1507; Valencia, 1514; Salamanca, 1540 y 1570) tiene veintiún actos (se añaden cinco actos tras el XIV; en Toledo 1526 incluso se incorpora el «Auto de Trasso»), se interpolan textos nuevos, un prólogo y el «Concluye el autor» en coplas.

Como he dicho antes, el nombre del autor se descubre en los versos acrósticos de las reediciones de la primera versión. Fernando de Rojas (h. 1470-1541) fue un abogado converso y bachiller por la Universidad de Salamanca. Posteriormente, sin embargo, en el prólogo de la Tragicomedia, Rojas alude a que se encontró el acto I y, finalmente, decidió continuarlo. La crítica está dividida en cuanto a esta cuestión. Según Russell, Fernando de Rojas es efectivamente coautor de la obra, ya que su labor consistió en proseguir con el manuscrito que había hallado. Russell se apoya en la desproporción del primer acto, el estilo lingüístico y las fuentes literarias. La doble autoría, además, era frecuente durante la Edad Media. No obstante, no aclara cuál sería el iniciador de la obra (en los versos acrósticos se atribuye a Juan de Mena o a Rodrigo de Cota).Para Emilio de Miguel, solo existe un autor, el propio Fernando de Rojas. Avala esta idea con las mismas pruebas que Russell.

Otro asunto problemático de esta obra es la adscripción genérica. De nuevo, hay dos enfoques. Peter Russel, Emilio de Miguel y Carlos Alvar la califican de obra teatral o dramática. Se basan en que la obra nació para ser leída, no representada, de ahí su longitud; y en sus modelos literarios: la comedia latina y la comedia humanística (escrita en latín pero innovadora). La originalidad de esta pieza residiría en que supera los modelos empleando el castellano y en que adapta la comedia clásica para contar una compleja historia de amores.

Hasta el siglo XVIII nadie dudaba de que, a pesar de no haber sido representada, fuera teatro. Solo después del desarrollo de la novela en su forma moderna, se ha comenzado a plantear su dependencia del género novelesco. Dentro de este marco, Alan D. Deyermond asegura que es una novela por tres motivos: la extensión, la evolución psicológica e individual de los personajes y el tratamiento espacio-temporal.

La acción de LC no se localiza en ninguna localidad concreta porque el autor tiene un afán por universalizar la historia. Consiste en las relaciones amorosas desafortunadas entre una pareja. Se presentan de forma compleja, ambigua y contradictoria puesto que existe una sátira contra la clase alta y la clase baja también se enamora. Por consiguiente, se parodia el amor cortés, dentro del cual Melibea y Calisto no pueden casarse, principalmente en la elaboración del enamorado. La originalidad se halla en que los amantes se sinceran emocionalmente en un contexto cotidiano, más o menos realista.

En cuanto a los personajes, casi todos carecen de pasado, excepto Celestina y Pármeno. Esto ha llevado a pensar que Rojas escribía sin un plan previo. A pesar de esto, cada personaje posee una individualidad estable y definida: Calisto es el héroe parodiado del amor cortés; Melibea es la mujer rebelde, sincera, honesta y aficionada a la literatura sentimental; Pleberio y Alisa son los padres de esta y desconocen la relación entre los anteriores personajes; Celestina es maga, hechicera, remiendavirgos, está orgullosa de su oficio, es ambiciosa y muy persuasiva, se ubica en la tradición literaria y cultural, pero la originalidad del autor consiste en que elabora un personaje moderno, individualizado, con vida propia; los criados y las prostitutas tienen conciencia de clase, son ambiciosos, egoístas e instintivos: Sempronio es el servus falax y Pármeno el servus fidelis convertido a la maldad; Elicia y Areúsa son dos personajes que se complementan, pues la primera es hedonista, dependiente de los demás, y la segunda, en cambio, es cruel, inteligente, astuta e independiente.

La prolijidad y variedad de fuentes en que se basa LC, así como su complejidad, ha ocasionado un abanico amplio de interpretaciones de la obra, de ahí su calidad universal indiscutible. En general, la crítica defiende dos posibles lecturas del drama: una parte considera que fue escrita contra el loco amor, las alcahuetas y los falsos criados; otra parte de la crítica observa, más que una lectura moral, una lectura pesimista, pues Rojas sería un judío converso que arremete contra el idealismo del amor cortés.

3 comentarios:

  1. Que buen analisis, te falto decir q algunos personajes, sobre todo calixto son bastante idiotas, caerse de una escala es lamentable, posta, no se merece el amor de melibea y q la celestina es odiosa.

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  2. Muy completo e interesante tu comentario. Se lee con sumo agrado.Melibea analizando el mundo de Melibea

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  3. no me gusta vuestro teatro

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