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30 junio 2008

Niña Triste, la cazadora de dragones

Niña Triste pertenecía a una familia de guerreros entrenados para cazar dragones. Cuando nació, su padre, un viejo arquero, proclamó que su último vástago por fin lograría capturar a uno de esos monstruos gigantescos y, de ese modo, verificaría la existencia de los mismos. Sin embargo, su último descendiente fue una mujer, hecho lamentado durante mucho tiempo en la familia, pues en esta sólo existían varones, exceptuando a la madre, continente engendrador de héroes. Así pues, Niña Triste no tuvo una agradable bienvenida al mundo y le tocó, cada día de su vida, demostrar que ella podía ser tan hábil como sus hermanos en la lucha.

Un día, allá cercano al invierno, cansada del entrenamiento, Niña Triste depositó su espada en el suelo y apoyó su escudo en el tronco del árbol en el que se cobijaba de la lluvia. El agua recorría sus mejillas, a la par que el sudor. Ambos hechos no le importaban: en esos instantes, simplemente, meditaba. Observó detenidamente su escudo. En él venía dibujado un dragón descendiendo en picado hacia un supuesto suelo. Se sonrió. Ciertamente, a su edad, ya empezaba a desconfiar de la existencia de dragones y rondaba los veinte años, toda una mujer para su época. De nuevo, la sonrisa perfiló su boca, pero la melancolía teñía sus ojos. De repente, agarró la espada con fuerza y la levantó. Algo la asustó. Se pegó al tronco del árbol, simultáneamente al hecho de asir el escudo con la siniestra. No llevaba puesta ni siquiera la cota de malla, porque solamente estaba entrenado el uso del arma blanca con la protección del bello metal. Pasaron unos segundos largos. Niña Triste retuvo el aliento de los pulmones para no producir ni un leve sonido, imperceptible por el propio ruido del agua chocando con las ramas de la arboleda. Notó un golpe en la cabeza y cayó.

Transcurrió una hora aproximadamente hasta que se despertó. Al abrir los ojos, contempló la figura de un hombre en sombra. Se incorporó para verlo mejor. Una vez sentada, se percató de que se trataba de un muchacho de su misma edad. El chico la saludó y le pidió disculpas por el golpe, pues se había asustado al comprobar que la mujer estaba armada y en disposición de ataque. Niña Triste le contó a qué se dedicaba, mientras el joven la escuchaba atónito, pues creía que la existencia de los cazadores de dragones era tan ficticia como la de esos seres míticos. Ella se sintió halagada y se turbó. A continuación, le rogó que se presentase, ya que él conocía la breve historia de su vida. El joven así hizo: había nacido en una localidad cercana a la Ciudad Sur, desde la que había recorrido enormes valles en busca de alguien que le ayudase a encontrar a su hermano mayor, presuntamente vivo tras la Guerra de los Invencibles; sin embargo, en esos momentos se encontraba de regreso a su pueblo, pues un caballero le había anunciado que su hermano había muerto en combate como escudero suyo. Niña Triste le dio el pésame por la defunción, aunque recalcó la valentía de aquel hombre pariente de su interlocutor, llamado Emoción.

Pasaron dos horas de conversación. La muchacha se sintió plácidamente feliz. Estuvo explicando de manera concisa cómo utilizar el escudo y la espada en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo; incluso realizó una demostración. El joven no dejaba de sorprenderse ante las buenas maneras de Niña Triste, pero tenía que partir a su localidad para dar la funesta nueva a sus padres. No obstante, antes de partir, Emoción, que se dedicaba, entre otras muchas cosas, a bautizar a sus amistades, renombró a Niña Triste con el apodo de Cazadora de Melancólicos Sueños. La joven volvió, de nuevo, a sonrojarse y le agradeció el reciente alumbramiento lingüístico a su peculiar acompañante. Él, como término a su encuentro, añadió:

- Niña Triste, tú serás la nueva cazadora de dragones, reales o imaginarios; serás la esposa de la ilusión y la amante de lo imposible. Por todo ello, repito, yo te bautizo como Cazadora de Melancólicos Sueños.


Nada más supo Niña Triste de Emoción, a pesar de que él le prometió que se volverían a ver en un futuro próximo. Tampoco eso le importó a la nueva Cazadora de Melancólicos Sueños, pues, desde hacía tiempo, tanto como los años de vida que recorrían sus venas, había conocido su auténtico destino: perseguir quimeras, ya fueran en forma de dragón o de cualquiera otra.

Olivia

3 comentarios:

  1. Estoy segura de que Niña Triste conseguirá algo más que perseguir quimeras. En algun rincón del camino encontrará y matará a ese dragón que le quema el corazón y ya no será núnca más Niña Triste.

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  2. Dragones, princesas y caballeros.Le has dado la vuelta al relato perfectamente. Buen cambio de personajes y dificil misión:capturar un dragón para demostrar su existencia

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  3. Meli, q hermoso cuento, no está tan mal la idea de perseguir quimeras, a veces la simle búsqueda es un fin.
    continuará la historia de niña triste?

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