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02 julio 2008

Shakespeare, tú, autor que me encarnas a través de tus palabras...

Mis queridos cómplices de la existencia saben que uno de mis autores preferidos, por excelencia, es William Skakespeare, sí, ese que en la facultad abreviábamos con SH.

El hallazgo de Shakeapeare se produjo en la adolescencia, cuando vinó Ur, un grupo de teatro de Rentería, a mi instituto para introducir la representación que iba a llevar a cabo por la noche en el teatro Principal de mi ciudad natal. Ellos, los miembros del grupo, nos hablaron de la obra de este inglés y nos recitaron pasajes. Por supuesto, esto se me quedó grabado en la mente. Antes ya había leído obras de él, concretamente pasajes y poemas, pero, hasta ese momento, en el que me había sumergido en el regazo del teatro, no había experimentado con sus renglones esa pasión. Ya sea por la edad o por otra cuestión, el hecho relevante fue que me impactó para siempre y se metió en mi alma como un dardo que penetra en la carne.

Desde ese día y a intervalos de tiempo indefinido, anidó Shakespeare en mi cerebro: Hamlet, Othello, Macbeth, Rey Lear, Ricardo III, El mercader de Venecia, Sueño de una noche de verano, Antonio y Cleopatra, Julio César, Titus Andronicus... Y los sonetos. Procuré leerlo todo y utilicé ediciones bilingües cuando fue posible. Brutal. Emocionante hasta impregnarme el corazón con cada una de las intervenciones de los personajes o con cada uno de los versos del metro italiano por excelencia. En realidad, por momentos, dejaba de existir yo para escuchar a este dramaturgo impresionante, demoledoramente sensual, sensitivo, instintivo, tocado por las Musas, cincelado por una inteligencia prodigiosa y un saber hacer incomparable.

Y todo ese material en mis manos... Quizás en estos tiempos no se valore de igual manera, pero yo anhelaba ser Ofelia, Desdémona, Cleopatra... o, mejor, Hamlet. Maravilloso Hamlet. Ignoro las veces que he leído sus monólogos. ¿Y qué me decís de Iago? ¿Existe un personaje de la otra cara de la moneda tan bien trazado? No sé: no he leído todo lo que existe. De cualquier manera, eso es indiferente; seguro que pocos autores superan la complejidad de matices que muestra Shakespeare con sus creaciones.

Si tuviera que escoger una de sus piezas dramáticas me decantaría por Hamlet, aunque me resulta muy complicado decirdirme por una, ya que todas mantienen una alta calidad y una originalidad que reside, fundamentalmente, en la manera de contar las historias. Yo aconsejo que tú, lector, te sumerjas de lleno en sus dramas y en sus versos, pues este inglés entrega más de lo que te exige: él, simplemente, te solicita una mente abierta, dispuesta a sentir por cada poro. Pasiones humanas diversas se desarrollan sin tregua y me recuerdan a mi querido Sófocles. Estas obras no son aptas para cardíacos o para frías sensibilidades. Por eso escogí la cita del mes de Shakespeare, porque, si no cometemos locuras de vez en cuando, no estamos enamorados ni de alguien ni de la propia vida.

2 comentarios:

  1. Ahhh, qué buen artículo, posta y qué grande guillermo, en casa tenémos un pequeño libro con cuatro de sus obras, que va circulando de un hermano a otro.

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  2. Querida Melibea, ¿qué me decis de la fuerza de la ambicion en Macbeth y en Richard the II. "Este es el invierno de nuestro descontento..." Shakespeare y su estudio de las pasiones humanas.Un grande entre los grandes.

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