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30 agosto 2008

De Argentina y desórdenes varios: fragmentos de cordialidad

El desorden que tengo hoy en mente me lleva a exponer mi perspectiva sobre la gente de este país, desde la suprema subjetividad, madre de todas las ciencias, y saltando tópicos, a ritmo de Spinetta y Los Fabulosos Cadillacs.

La sonrisa con la que fui recibida en el aeropuerto me guió hasta una familia en la que, como parece usual, se mezclan procedencias dispares en los ancestros. Esa simbiosis de tradiciones comprende a la perfección la sensación que un extranjero puede experimentar cuando llega a un país desconocido y, además, de otro continente.

Para abrir boca, nada mejor que un estupendo asado de la mano experta del padre. En una mesa alargada, once comensales disfrutamos del inigualable sabor de la ternera argenta, acompañada de vegetales y bebidas varias, así como de un pan exquisito. La conversación sobre las diferencias y similitudes entre España y Argentina fue tarea obligada, a la par que estimulante. El final de la charla se proyectó en el dulce postre, tan sabroso como la delicadeza de la madre sirviendo mesa y calor al corazón.

Risas, oídos sorprendidos por el acento, historias de presentación. Plácida jornada que concluyó en la celebración de un cumpleaños por la noche.

Treinta y cuatro años de un varón tomaron vida ese 26 de julio en forma de banquete entre amigos y familiares. Yo, testigo con jet lag, admiré el diálogo continuado entre los integrantes de la cena. Unas hamburguesas. Tan informal la comida como las conversaciones: ¡excelente! Más risas y más recuerdos. Algo abrumada por los latidos de cada palabra, me dejé conducir por la pronunciación y la enlacé con la que estos últimos meses me acompaña por las tardes.

Ausencia de convencionalidad. Milagro que existe en tierras aún tocadas por el dedo de un dios entretenido en agradables actividades.

La noche, lo poco que quedó de ella, así como otras muchas, transcurrió en la casa de una generosa anfitriona. Las sábanas y las toallas despedían olor a hogar y a buena acogida. La nevera a mi disposición. Más sonrisas para desear un feliz despertar.

Esas primeras horas en Argentina fueron el preludio de lo que fueron los treinta días posteriores: siempre dispuestos a complacer, ávidos por ayudar, desprovistos de protocolos vacíos, sonrientes y risueños, gratos en la conducta, con las manos mirando a la aventura de la cotidianidad...



A todos los que me acogieron en Argentina, especialmente a Ale, Nico, Mabel, Milca, Tavo y Vicente.


Y a ti.

4 comentarios:

  1. Uhh qué embole te habrás comido!!!
    Al menos probaste el asado!!!!.
    De verdad me sorprende tu capacidad para relatar mágicamente un hecho y tu talento a la hora de escribir.
    besos

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  2. muy buena y cálida la descripción del momento vivido.
    y continúas padeciendo de insomnio?
    prueba a relajarte con música ad-hoc. respiración profunda y oscurece el ambiente y si lo toleras, también tus ojos, con esos cubre ojos de tela oscura.
    Necesitarás también que te canten alguna canción de cuna????
    que puedas dormir bien, nada de café...y sueña, sueña mucho Melibea.
    besazo

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  3. Hola, me alegra que la hayas pasado bien en mi país.
    ¿viste q no somos taaaan bárbaros?, bueno salvo por el poco respeto a las normas, sobre todo a las de tránsito.
    espero saber más de tus aventuras.
    y que tengas ganas de volver: te cuento algo, en el 2010 se celebra el bicentenario de la revolución de mayo.

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  4. Gracias, Luis, por la información, aunque mi cicerone me ha advertido al respecto.

    En cuanto a la barbarie argentina, bueno, nunca he pensado tal cosa. Además, querido amigo, tendrías que ver los bárbaros del Viejo Continente, jugando a ser dioses del dinero y del poder.

    Un fuerte abrazo.

    PD: pronto sabrás más de mis experiencias en tu lindo país.

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