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26 octubre 2008

El Cid Campeador

Rodrigo Díaz de Vivar es un personaje a caballo entre la historia y la leyenda, pues, en cierto sentido, se ha convertido en un mito castellano de la Reconquista cristiana. Ha sido nombrado de diferentes formas: El Cid Campeador (del latín campae docto, 'diestro en el campo de batalla', 'conocedor de la batalla'), Mío Cid o El Cid (del árabe sīdi, 'señor').

El Cid nació en una localidad cercana a la ciudad de Burgos (Vivar, c. 1043/1048 ó 1050) y murió en Valencia (1099). Hijo de una de las primeras familias del condado de Castilla, su título nobiliario pertenecía al escalafón inferior: hidalgo; sin embargo, fue un destacado guerrero, cuyo poder militar se vio reflejado en la posesión territorial de gran parte del este de la Península Ibérica.

Desde muy joven, sirvió en la corte del rey Fernando I, como doncel o paje del príncipe Sancho. Parece que poco después, en la Iglesia de Santiago El Viejo de los Caballeros (Zamora; véase la fotografía), el príncipe Sancho le confirió los honores de caballero.

Rodrigo Díaz defendió a su señor, Sancho, en las guerras que este mantuvo con sus hermanos, Alfonso VI, rey de León, y García, rey de Galicia, ya que pretendía anexionar los distintos territorios en los que se había dividido el reino de su padre tras su fallecimiento. Tras varias batallas, Sancho se hace con el poder de ambos reinos. Sin embargo, algunos nobles leoneses se rebelaron en Zamora, protegidos por la infanta doña Urraca, hermana de Alfonso, García y Sancho. Este sitia la ciudad acompañado por El Cid, pero es asesinado por el noble zamorano Bellido Dolfos.

Alfonso VI sucedió a Sancho en el trono castellano-leonés. Los recelos de la posible participación de este rey en la muerte de su hermano motivaron que El Campeador hiciera jurar a aquél en Santa Gadea su inocencia. De esta forma, la relación entre ambos se mantuvo cordial, aunque Rodrigo pasó a ser juez o procurador. Además, Alfonso concertó el matrimonio entre el héroe y Jimena Díaz, noble asturiana, bisnieta de Alfonso V. De este matrimonio nacieron Diego, María (casada en segundas nupcias con el Conde de Barcelona) y Cristina (casada en segundas nupcias con el infante Ramiro de Navarra).

A pesar de las muestras de favor del rey, el Cid consideraba que Alfonso había participado en el asesinato de Sancho, lo cual motivó que el monarca adoptara una actitud defensiva con el noble castellano.

El detonante que rompió la diplomacia entre ellos se produjo cuando Rodrigo fue encargado de cobrar unos tributos al rey de Sevilla. Parece ser que sus tropas ejecutaron una maniobra que inconscientemente afectó a los intereses de Alfonso VI, ya que el ataque que sufrieron las mesnadas del Campeador había sido propiciado por el rey castellano-leonés con la intención de romper la armonía entre los reinos de Taifas.

Además, otro hecho que incidió en el conflicto entre ambos personajes se produjo cuando Rodrigo Díaz, al sofocar un ataque moro, penetró en el reino de Taifa toledano y saqueó la zona oriental, protegida por Alfonso VI, quien, ante estos sucesos, desterró al Cid, acusado de quedarse con parte de los tributos reales.

Alrededor de 1080, el Campeador, en su destierro, pasó a servir a al-Mutamín, rey de Zaragoza. Este le ordenó que atacase a su hermano Mundir, el gobernador de Lérida, pues no aceptaba a al-Mutamín como rey de Zaragoza. El ejército de Rodrigo venció a la unión entre el gobernador de Lérida, el conde Ramón Berenguer II de Barcelona y el rey de Aragón, Sancho Ramírez.

Debido a la invasión almorávide y a que Alfonso VI fue derrotado en 1086 en la batalla de Sagrajas, el rey y su antiguo vasallo se reconciliaron. Pero, en 1089, hubo otro alejamiento entre ambos, como consecuencia de que las tropas del burgalés llegaron tarde al sitio de Aledo. El rey lo desterró de nuevo, sin sus privilegios y sin sus heredades. Acompañado por su mujer y su ejército, desde ese momento persiguió una fama personal, sustentada en dominar Levante. De este modo, se convirtió en el caballero más poderoso de todo el este peninsular, hasta el punto de que, exceptuando Zaragoza, todo Levante tributaba al Cid.

El Cid perdió Valencia con la muerte de su protegido. Entonces, sitió la ciudad y la recuperó en 1094. Desde ese momento se nombró príncipe. Una vez allí, mantuvo una alianza con Pedro I de Aragón y con Ramón Berenguer III para impedir el avance de los almorávides, que reforzó con varios matrimonios: sus hijas María y Cristina se casaron, respectivamente, con Ramón Berenguer III y con el infante Ramiro Sánchez de Navarra.

La muerte del Cid tuvo lugar en 1099 por unas fiebres. A partir de su fallecimiento, la ciudad de Valencia fue atacada. Doña Jimena la defendió en varias ocasiones con el amparo de Ramón Berenguer III, pero, finalmente, en 1102, tuvo que abandonar la población, con ayuda de Alfonso VI.

Los restos del Campeador y de su esposa se hallan en la Catedral de Burgos desde 1926.

(fuente de la información: wikipedia)

Al caballero

1 comentario:

  1. Muy buen resumen Melibea, que loca una cosa, el cid, se pasó la vida peleando, le ganó a media peninsula y murió de una enfermedad, q triste destino para un heroe.
    besos

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