Actualmente escribo en oliviavicente.com. No obstante, el lector es bienvenido a este espacio y, por tanto, sus comentarios y sugerencias serán tenidos en cuenta.

08 noviembre 2008

De Argentina y desórdenes varios: Cataratas de Iguazú (I parte: la Garganta del Diablo)

Cataratas de Iguazú
Hoy he dormido fatal: la casa, cuando llegué del fin de semana, estaba helada y, para colmo, no me funcionaba la calefacción. De este modo, más que dormir, me acurruqué a esperar que Morfeo me visitase, sin mucho éxito. Una vez que pasaron varias horas de insomnio, me quedé dormida y, de lo poco que recuerdo, retuve unas imágenes de las Cataratas de Iguazú. Por eso, esta memoria va dedicada a ellas.


Después de un largo viaje desde Buenos Aires a Iguazú, llegamos a un parque natural de imágenes impactantes. El verde era el color predominante en distintas tonalidades y se hallaba acompañado por el marrón de los troncos y la tierra rojiza del suelo. No cesaba de mirar por la ventanilla trasera del coche y, luego, a continuación, sorprendida por el paisaje, a mi compañero de aventuras.

Nuestro primer intento de entrar a ver las Cataratas del lado brasileño resultó en balde, pues la hora de visita había concluido. Por eso decidimos buscar alojamiento cerca de Puerto de Iguazú. Vimos varios hoteles y, al final, nos quedamos en uno que se encontraba en la ruta, pero sólo nos ofrecían habitación para dos noches, por lo que la tercera era una incógnita.


Después de encontrar alojamiento, cenamos en una pizzería de Puerto de Iguazú, en la terraza situada fuera del local, puesto que la temperatura resultaba agradable, incluso estando en manga corta. Luego nos tomamos un helado y regresamos a dormir a nuestro hospedaje.

A la mañana siguiente me embargaba cierta ansiedad ante la idea del espectáculo que nos esperaba. Había visto fotos de las Cataratas anteriormente, ya que un amigo las había visitado años antes; sin embargo, era consciente de que, seguramente, me impactarían. Y así fue.

Entramos a las Cataratas de Iguazú por el lado argentino. El recorrido consistía en varias sendas que se distribuían en circuitos, gracias a los cuales entrabas en contacto con el agua y las formaciones rocosas de forma bastante directa. Entre todas las rutas posibles, elegimos comenzar por la que desembocaba en la Garganta del Diablo.

A pesar de que llegamos tarde a montarnos en el tren que unía la Estación Central con la Estación Cataratas (creo que llegar tarde fue uno de los encantos y una de las constantes de nuestro viaje por este país), no nos importó demasiado, pues la caminata marcada por el bosque permitía apreciar la humedad de la vegetación y los sonidos de la fauna. Ya en la Estación Cataratas, nos subimos al tren que nos llevaba hasta la Estación Garganta del Diablo. Desde allí, unas pasarelas de metal y de madera, con el suelo rayado, nos conducían, sobre las aguas del Iguazú, a la impresionante Garganta. En esas pasarelas nos cruzamos con el presidente de Ecuador, Rafael Correa, y su séquito de ayudantes y guardaespaldas (una anécdota graciosa de ese encuentro fue ver a una mujer trajeada con los tacones en la mano, ya que era sencillo resbalarse a causa del agua).

Antes de ver el salto, se oía desde lejos y, sobre todo, unas nubes de gotas de agua anunciaban su presencia. A unos cien metros, la bandera argentina ya nos daba la bienvenida.


Garganta del Diablo

Me resulta complicado atrapar con la escritura esas sensaciones visuales, sonoras y táctiles. Tan solo puedo decir que no paraba de capturar los movimientos eternos de la caída del agua, que se precipitaba ciega por el suelo fragmentado en grietas enormes. El sonido, suave y atronador, afirmaba la levedad de nuestra existencia. Nunca el agua me resultó tan hermosa, tan seductora, tan inalcanzable, tan inmortal.

Al compañero de aventuras y a nuestros cicerones

(Escrito el martes 4 de noviembre de 2008)

Continuación

3 comentarios:

  1. Casi casi me siento ahí, mojandome con el agua de las cataratas. O bajo la hermosa selva
    ¿no te sacaste una foto con el presidente Correa?

    ResponderEliminar
  2. el post...todo bien, divertida la anécdota con el ecuatoriano, pero, me quedo con la intriga: vino o no vino Morfeo rápido a visitarte esta noche?????
    te voy a enviar otras fotos de iguazu, mi amigo Jop tiene un portfolio sensacional de cuando viajó, aquí están como muy oscuras, pero que son imponentes, lo son y viéndolas en la película La Misión en pantalla gigante y con esa música, seguro que revivís el momento.
    gracias por seguir posteando anécdotas de mi país e ilustrándolas tan generosamente con tus palabras e imágenes.
    besote.
    confieso que la que esera a mirfeo, esta noche, soy yo...y espero no tarde demasiado.

    ResponderEliminar
  3. ¡Hola, majos!

    Tácito, ¿de verdad te sientes allí? ¡Qué bueno eso! Ojalá que te traslade imaginariamente hasta ese hermoso. Yo volaría constantemente sobre sus aguas. Un beso muy muy fuerte.

    Su, gracias a gente tan encantadora con la que compartí este viaje mensual, puedo escribir sobre los paisajes de tu bello país. Te agradezco el mail. Duerme bien, encanto. Un abrazo.

    ResponderEliminar