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06 diciembre 2008

De Argentina y desórdenes varios: Cataratas de Iguazú (III parte: el lado brasileño)

El desorden de hoy está vinculado a otros dos anteriores y supone el colofón de la visita a las Cataratas de Iguazú.


Curiosamente, el lado brasileño iba a ser el primero desde el que íbamos a contemplar los saltos; sin embargo, como llegamos poco después del cierre del parque, tuvimos que posponer la visita por la zona de este país a la mañana y parte de la tarde de nuestro último día.


La mañana en que acudimos a Brasil lucía un hermoso y potente sol, contrariamente al día anterior, pues por la tarde nos había diluviado. Debido a esto, como no llevaba ropa de verano y las temperaturas resultaban sofocantes para ser agosto, compré, en un centro comercial en la aduana, unas zapatillas, unos calcetines tobilleros y una camiseta de manga corta. Una vez que me cambié en el vehículo, condujimos hasta el aparcamiento brasileño del Parque de Iguazú. En ese instante la banda sonora oficial de los días pasados se justificó nada más pisar tierra luso-parlante.


"Aquarela do Brasil" interpretada por José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti

Tras pagar con reales brasileños, desde las taquillas nos encaminamos al autobús que nos trasladaría al inicio del circuito. En el autocar no pudimos sentarnos los cuatro juntos, lo cual, afortunadamente, me permitió charlar con una adolescente que visitaba las Cataratas junto con sus compañeros de instituto y unos profesores. La verdad es que la comunicación resultó bastante fluída a pesar de que únicamente hablábamos nuestras lenguas maternas (ella, brasileño; yo, español) y chapurreábamos algo de inglés. Como no podía ser de otra manera, ella sentía curiosidad por los motivos que me habían llevado hasta su país; por otro lado, me informó, entre sonrisas, sobre su desarrollo en el instituto. Fue una grata conversación.

Una vez que paramos, descendimos por unas rampas de cemento, pintadas de verde y con la barandilla en amarillo. Y, de repente, ante nosotros aparecieron unas vistas espectaculares, enmarcadas por un sol tremendamente cálido y luminoso. Lógicamente, allí, con los saltos a nuestra espalda, capturamos varias imágenes
que daban testimonio de nuestra presencia.

Continuamos la ruta de cemento verde y, a cada tanto, fotografiaba el agua precipitándose una y otra vez. A pesar de que resultaban ya familiares, las Cataratas me sorprendían constantemente, quizás esta vez porque el sol otorgaba otro aspecto a la naturaleza circundante.

En una de las paradas en el camino, varias personas nos agrupamos en un mirador. Sucedió allí algo desagradable, pues unas españolas en su idioma pidieron a un inglés, maleducadamente, asomarse a las vistas. Me dio vergüenza ajena por la brusquedad, por la entonación, por la soberbia de sus modales. En fin...

Finalmente, terminamos el recorrido mojados, aunque algo menos que los otros días. En la memoria mantengo las cortinas de agua, los rayos solares y el arco iris permanente. Tal vez, si me esfuerzo ahora, consiga que otra mariposa de aquellas se pose en el brazo mientras mi compañero de aventuras y yo jugamos entre el viento húmedo y nuestros cicerones capturan ese alarde de infancia.

A nuestros cicerones y a mi compañero de aventuras

2 comentarios:

  1. ahh brasil, el pais mais grando de mondo y todo ahi es mais grande, la verdad es que la vista de las cataratas desde brasil es espectacular, aunque claro, del lado argentino se disfrutan mucho más.
    besos

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  2. Ciertamente, el lado argentino es más espectacular, porque tiene los saltos más grandes y numerosos. Sin embargo, la ruta de Brasil tiene un encanto particular.

    Te invito a venir conmigo a pasear bajo el agua y sacar fotos. ¿Te animas?

    Un abrazo, guapo!

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