Actualmente escribo en oliviavicente.com. No obstante, el lector es bienvenido a este espacio y, por tanto, sus comentarios y sugerencias serán tenidos en cuenta.

30 diciembre 2008

Higiene vampírica

Estoy harto de lavarme los dientes. A todas horas tengo que hacerlo. Ya no bastan las tres veces aconsejadas por el dentista, acompañadas por la seda dental y el colutorio pertinente, ni las dos limpiezas de boca anuales. No es suficiente. Me miro a cada rato los dientes, sobre todo detrás de los colmillos secundarios, y encuentro un espacio en el que, francamente, me resulta complicado asearme. Claro, el dentista no sabe de mis cuatro colmillos superiores; es un hombre amable, algo tosco, pero un buen tipo y, principalmente, eficiente, además de discreto, ya que no me interroga por las horas intempestivas a las que acudo a su consulta. Ahora que he decidido llevar una existencia lo más humana posible, no es el mejor momento de plantearle mi doble vida, a caballo entre el inframundo y la exterioridad terrestre. Es que no. Es así. Con los otros odontólogos me daba igual. En el instante en el que creía oportuno, les agarraba fuertemente de un brazo y les mostraba mis afilados dientes; bajo una amenaza, les ordenaba que siguieran con su tarea; y, finalmente, como es de esperar, me alimentaba de su sangre, a veces sin apetito, para que no difundieran mi auténtica identidad.

Todo empezó hace unos meses. Acababa de mudarme a esta tranquila ciudad de unos sesenta mil habitantes. Solía cambiarme de localidad cuando consideraba que mis costumbres podían despertar sospechas. Al poco de instalarme, en mi nuevo trabajo encontré a un par de personas interesantes. Esto resultó algo nuevo para mí, pues siempre había pensado que el ser humano era mezquino, avaro y harto envidioso. Pero, tanto Carla como Ernesto, me parecieron dos seres encantadores. Nada más presentarme, se brindaron a mostrarme la ciudad y los alrededores. Yo, al principio, los observaba como meros filetes de ternera joven, dos exquisiteces a punto de caramelo. Mas esta visión fue desapareciendo paulatinamente. A partir de entonces entré en una crisis existencial, porque los valores que me habían inculcado mis padres se desmoronaban. Los seres humanos no eran sólo un alimento, podían ser amigos. Fue un desastre psicológico para mí. Mis padres no lo comprendieron; incluso, mi madre, un día, bastante herida ante mis nuevos sentimientos, me echó en cara que me estaba transformando en uno de ellos, en una persona. Evidentemente, sus palabras me dolieron, aunque no me ofendieron.

Durante los meses restantes, a través de una medicina alternativa de vampiros, fui conociendo diferentes productos que facititan la vida a plena luz: cremas y gafas de protección solar; soluciones que refrescan el aliento y disimulan el olor a sangre; medicamentos contra los efectos del ajo; amuletos que te permiten transitar por terrenos sagrados... Lo probé todo y funcionó, lo cual me permitió ampliar la relación con Carla y con Ernesto y dejar a un lado las ya molestas excusas para evitar el Sol.

Sin embargo, ahora, ahora no sé qué hacer. Llevo varias semanas alimentándome de la sangre de animales, lo que me produce acidez y, no solo eso, sino que no resulta tan nutritiva. En mis últimos análisis, el médico me advirtió de que, si seguía así, empeoraría mi anemia. Estoy algo confuso y este maldito cepillo no me limpia bien los espacios entre los dientes. ¿Qué puedo hacer? Los odontólogos de nuestra raza son realmente pésimos, pues la clientela vampírica que suele acudir a ellos es indiferente ante el hecho de disimular o no su condición de inframundo. En fin..., tendré que ir al dentista. Pobre hombre. Menudo disgusto para su familia.


Olivia

Zamora, 30 de diciembre de 2008

A los noctámbulos, porque nunca se sabe si son o no lo que aparentan

De regalito, bajo consejo de Tácito, os dejo esta canción:



Canción "El vampiro" de los Ratones Paranoicos (fuente: youtube).
Si quieres leer la letra, pincha aquí.

Este relato aparece publicado en la revista Narrativas (nº. 16).

7 comentarios:

  1. Debe ser uno de los pocos casos en los que el dentista teme a su paciente y no a la inversa

    Un abrazo y muy feliz año nuevo

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  2. jejeje, escelente melibea, de verdad me encantó.
    besos

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  3. Faladomi: creo que tienes razón; deben andarse con ojo los odontólogos. Cuídate y que sea un excelente año el que comienza. Besos

    Tácito: gracias, nene. Me alegra que te haya gustado, ya lo sabes. Un beso enoooooorme.

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  4. y ya que estamos en fecha, por qué no le dan aunque sea el jugo de las 12 uvas, quizás reemplace su adicción.
    muy lindo y divertido relato.
    besote

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  5. Massu: buena idea para el vampiro; se lo comentaré. Encantada de que te guste. Un abrazo

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  6. CON MIS MEJORES DESEOS PARA EL AÑO QUE SE INICIA




    Siempre ten presente que la piel se arruga,
    el pelo se vuelve blanco,
    los días se convierten en años...
    Pero lo importante no cambia:
    tu fuerza y tu convicción no tienen edad.

    Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
    Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
    Detrás de cada logro, hay otro desafío.
    Mientras estés vivo, siéntete vivo.

    No vivas de fotos amarillas.
    Sigue aunque todos esperen que abandones..

    Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
    Cuando por los años no puedas correr, trota.
    Cuando no puedas trotar, camina.
    Cuando no puedas caminar, usa el bastón.

    ¡¡¡Pero nunca te detengas!!!

    Madre TERESA DE CALCUTA

    besotes, no te atragantes con las uvas!!! bebe mucho champagne!!!!

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  7. Graciasssssssss, Susuru. Eres un encanto. Me han gustado mucho estas palabras de afecto y de fuerza. Intentaré llevarlo a cabo.

    Chin chin

    Besossssssss

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