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10 diciembre 2008

Leyendo "Some glory in their birth, some in their skill" de William Shakespeare

Sonnet XCI

Some glory in their birth, some in their skill,
Some in their wealth, some in their bodies' force,
Some in their garments, though new-fangled ill,
Some in their hawks and hounds, some in their horse;
And every humour hath his adjunct pleasure,
Wherein it finds a joy above the rest:
But these particulars are not my measure;
All these I better in one general best.
Thy love is better than high birth to me,
Richer than wealth, prouder than garments' cost,
Of more delight than hawks or horses be;
And having thee, of all men's pride I boast:
Wretched in this alone, that thou mayst take
All this away and me most wretched make.



Unos se vanaglorian de la estirpe,
del saber, el vigor o la fortuna;
otros, de la elegancia extravagante,
o de halcones, lebreles y caballos;
cada carácter un placer comporta
cuya alegría a las demás excede;
pero estas distinciones no me alcanzan
pues tengo algo mejor que las incluye.
En altura, tu amor vence al linaje;

en soberbia al atuendo; al oro en fausto;
en júbilo al de halcones y corceles.
Teniéndote, todo el orgullo es mío.
Mi única miseria es que pudieras
quitarme todo y en miseria hundirme.

Traducción de Manuel Mujica Láinez

(fuente: www.lamaquinadeltiempo.com)

2 comentarios:

  1. te dejo un fragmento de un cuento de Manucho Mujica Lainez:

    " Alguien, con el pie, marcaba el fin de cada verso.
    Detrás del mostrador, la hostelera miraba con admiración a sus parroquianos.
    A veces sonreía, mostrando un diente negro.
    Encima de una mesa descansaba un grueso Diccionario Enciclopédico, y un muchachito pecoso lo hojeaba lentamente, leyendo por lo bajo: "Asur... Asur... Asurbanipal..."
    Despertándome bruscamente de un sueño recién comenzado, la puerta de entrada se abrió de par en par, y una mujer joven y bonita entró, llorando desesperadamente.
    Su brazo sangraba.
    - ¿Otra vez aquí? - gruño la mesonera del malhumor.
    El más joven de los poetas se acercó a ella.
    - ¿Te ha pegado de nuevo? - dijo.
    - Si... Porque dejé que se quemara la tortilla...
    Yo me aproximé. Parecíame imposible que un hombre pudiera maltratar a una mujer tan frágil...
    ¡Ah! Si mi amigo el pintor estuviera aquí, ¡cómo sabría consolarla! ¡Con qué suaves inflexiones de voz calmaría...!
    Compasivo, me acerqué más aún.
    Ideas vengativas cruzaron por mi cerebro al verla tan bella, tan débil.
    - ¿Cómo se llama su marido? - rugí.
    Ella se levantó hacía mí sus ojos claros y azules que me recordaban otros dos ojos claros y azules, llenos de dulzura y pureza:
    - Diego Narbona - me dijo..."

    del libro "Cuentos Inéditos","Un Artista" ©1993 Planeta

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  2. Gracias, Su, por ser siempre tan atenta. Cuídate y un abrazo.

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