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22 febrero 2009

La ferretería

En la puerta del antiguo comercio, se sentó un chiquillo con su balón de fútbol. Pedro, desde el balcón de enfrente, observaba las paredes despintadas y agrietadas de la ferretería del difunto Manolo. Recordaba cuando él, a esa misma edad, entraba cada tarde para preguntar lo mismo:

- ¿Te sobra alguna caja de diez por diez?

Y Manolo le contestaba unas veces afirmando y otras negando. En realidad, a Pedro le gustaba el olor que desprendían los metales y la sonrisa afable de aquel hombre.

Con los años, Pedro dejó de pedirle cajas para sus cromos de jugadores de fútbol, sus canicas, sus recortables de armamento... A veces se lo encontraba por el barrio, bastante alicaído, con la cabeza agachada, pero con idéntica sonrisa.

Ya, adolescente, un día que su madre conversaba con la vecina mientras tendía la ropa en el patio de luces, se enteró de que el viejo había fallecido. Mudo, salió de su casa, conteniendo las lágrimas y portando varias de las cajas repletas de sus juegos de infancia. Cruzó la calle y se sentó a la puerta de la ferretería, que golpeó a sabiendas de que nadie le abriría; luego, en voz queda susurró:

- ¿Te sobra alguna caja de diez por diez?


Olivia

Zamora, 22 de febrero de 2009

Este relato aparece publicado en el número 56 de la Revista Pan de Trigo, del Grupo Artístico-Literario del mismo nombre (La Solana-Ciudad Real).

6 comentarios:

  1. hermoso melibea, triste pero hermoso, muchisimo
    un abrazo

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  2. Gracias, Tácito, se me ocurrió mientras paseaba.

    Más besos

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  3. triste....pero bello y tierno.
    tienes una caja de 10 x 10 con miguitas de ternura para mi?

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  4. ¡Hola, Su! Gracias por venir. Siempre me encanta verte. Claro que sí, para vos toda la ternura. Besos

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  5. cuánta ternura tiene este cuento.
    cuántos Pedros veo reflejados en el personaje.
    cuántos Manolos de mi Buenos Aires!!, pero sabes una cosa? todos los Manolos que conocí eran gallegos y por estos lados, almaceneros o dueños de bares y restaurantes.
    Nunca visité una ferretería atendida por Manolos, generalmente eran italianos los que las abrían y se autotitulaban "ingenieros".
    Los japoneses ponían tintorería y mi hermana, cuando mamá nos pedía que lleváramos alguna ropa a limpiar decía que íbamos a la japonesería, así como ella decía que los extranjeros venían de extranjia.

    Lindo recordar la niñez con ese dejo de ternura cálida y espontánea representada por Pedro (nombre de uno de mis abuelos) y que me recuerda a tantos de mis amigos de la infancia.

    Cómo estás??? ustedes tienen feriado largo?
    Aquí lloviendo....terminando febrero y las vacaciones y recopilando material para salir al ruedo nuevamente en marzo o abril.....

    Matecito o café????

    besazo

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  6. ¡Hola, Massu, querida!

    ¡Qué lindo tu comentario, princesa de los tangos! Casi viajo a Argentina de nuevo. Wiiiiii.

    Los nombres los escogí porque son típicos de España y porque en la cotidianidad reside parte de la ternura. Me alegra que, a pesar del azar de mi elección, esta te haya traido gratos recuerdos.

    Yo estoy muy bien, maja. De vacaciones en estos Carnavales. La verdad es que tengo que disfrazarme de nuevo. Tengo ganas. La próxima me organizo, jeje.

    La primavera va llamando a la puerta, aunque aún faltan bastantes días para la estación.

    Prefiero café, aunque no le digo que no a un mate con unos deliciosos alfajores.

    Besossssssssssssssss

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