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01 junio 2009

Una débil afirmación

La mujer volvió del almacén con un trapo para limpiar la mesa. Aún conservaba el semblante atónito. No podía creer que ese joven que apenas aparentaba veinte años fuera Medas, el auténtico Medas; ese al que Ruyan tuvo que forjarle una espada de misteriosas propiedades; ese al que las historias familiares lo habían convertido, de padres a hijos, en una leyenda tan volátil como las palabras en el aire.

- Siéntese- le invitó-. Me llamo Antonia- y se dirigió a la puerta del establecimiento para cerrarla y girar el cartel, en el que se veía desde dentro el anuncio de "Abierto".

Medas agarró un taburete similar al que usaba la dueña y se apoyó ligeramente sobre él. Para ello, apartó el abrigo y mostró una vestimenta interna igual de oscura que la externa, excepto por una cadena plateada que colgaba de su cuello y que se entreveía entre el cabello negro y la propia ropa. En el tiempo que duró ese gesto, Antonia se percató de que el joven tenía la uña del meñique derecho muy larga y afilada. Incómoda y desconfiada por su descubrimiento, decidió mantenerse en pie a una distancia prudencial del visitante. Ya se arrepentía de haber trancado la única puerta de salida.

- Tranquila, mujer- adivinó Medas-. A ti no voy a hacerte nada- sonrió con un ápice de soberbia-. Soy un hombre de palabra, como sabía Ruyan. Tan sólo quiero que repares el arma y me iré.

- Pero..., pero aquí sólo se encuentra la tienda- le temblaba la voz-. El taller hace muchos años que lo trasladamos a la fábrica, a las afueras de la ciudad.

Medas se incorporó del asiento y anduvo los pasos que lo separaban de la señora con las manos extendidas hacia ella. Antonia estaba paralizaba: en la mano izquierda, el meñique mostraba una uña igual de afilada que la del otro dedo.

- Espero que desees acompañarme hasta la fábrica- la agarró de un brazo con una mano, presionando fuertemente-. Debes sentirte afortunada porque sean mis dedos los que ves ante ti, pues ante otros parecidos no correrías la misma suerte.

Antonia quiso gritar, pero sólo murmuró una débil afirmación.

Olivia Vicente

Ciudad Real, 1 de junio de 2009

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7 comentarios:

  1. Hola Olivia!

    Yo, como a veces soy medio lelo, no me enteré de que era una "historia por entregas".
    Si te decía en otro comentario que me gustó más la historia de la vieja... ahora me lo pensaría, pues esto se está poniendo interesante.
    ¿Para cuando el próximo capítulo? Estoy deseoso por leerlo.

    Besos

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  2. Me encanta!!! Un gusto leerte guapa
    Besos

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  3. Te sigo, te sigo, entre biberón y biberón. Besos

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  4. Yo también te sigo. Besos.

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  5. hola hermosa, a donde nos llevara esta historia?, en mi lecho de muerte espero llegar al final. jejej
    mil besos

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  6. Qué tal Melibea? Gracias por tu visita y por enriquecerme la tarde con tus escritos. Aquí hace muchísimo frío y mi gripe va mejorando, ya verás nuevas locuras mías.
    Cómo va la primavera por allí? y las vacaciones serán de verano ode invierno?
    Tengo mate y café y esos alfajorcitos que tanto te gustan y me siento solita.

    Y aquí le digo a Tácito: eh!!! qué te pasa? de qué lecho de muerte hablas en plena etapa de vida?

    jajajajajajaja!!! que termines bien el díam pues ya debe ser noche tarde por allá,

    besos miles

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  7. ¡Hola a todos! ¿Cómo estáis? Me agrada que me sigáis, aunque a veces no todo sea tan atractivo como quisiera. Vuestros ánimos siempre me llegan, incluso desde muy lejos.

    Un abrazo fuerte y besos a quien corresponda.

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