Actualmente escribo en oliviavicente.com. No obstante, el lector es bienvenido a este espacio y, por tanto, sus comentarios y sugerencias serán tenidos en cuenta.

11 julio 2009

In viam sedere II: Otra vez buscando datos

Ayer por la mañana estuve buscando datos sobre los abuelos de una persona que desea pedir la nacionalidad española. Para ello tuve que conducir hasta una localidad situada a unos cuarenta kilómetros de mi ciudad natal. Habitada por unos trescientos habitantes, tan sólo dispone de secretaría de Ayuntamiento los martes y los viernes, por eso acudí ayer.

Nada más penetrar en el pueblo, me desvié a la derecha, a una plaza circular de construcción reciente, ya que parecía el lugar idóneo para ubicar la Casa Consistorial. Aparqué bajo unos árboles para prevenir el calor y miré a mi alrededor. Al girarme, observé que cerca había una edificación parecida a una escuela y me aproximé a ella para preguntar. Justo antes de llegar a la puerta, una mujer, que estaba regando las plantas de la plaza, me saludó y me preguntó si buscaba algo (obviamente, ella sabía que yo no era de allí). Le contesté que quería ir al Ayuntamiento, pero que ignoraba dónde se encontraba. La mujer, que resultó ser la Alguacil, me acompañó hasta dentro de la escuela, pues esta acoge la secretaría del Consistorio.

En el interior estaba el Secretario, con quien días antes había hablado por teléfono comentándole el caso. Después del saludo y de la explicación pertinente, se fijó en los datos contenidos en la hoja que yo llevaba. Se metió en un pequeño almacén de la habitación y, de unas estanterías acristaladas, sacó unas actas de finales del siglo XIX. Los folios, cosidos por hilos vistosos, estaban amarillos, casi marrones, debido al paso del tiempo. Yo miraba expectante, recordando una situación similar producida el 10 julio del 2008. De repente, entre los folios, surgió un papel rosa, casi traslúcido, en el que se leía la notificación de un matrimonio.

- Aquí está- comentó el secretario-. Y eso de ahí es el acta de matrimonio.

Yo leí: "Rosario (Santa Fe)".

A continuación, el hombre fotocopió el acta de nacimiento y la selló para que tuviera validez legal. Tras estampar su firma, me comentó que tendría que esperar al Juez de Paz, que en esos momentos asistía a un entierro. Se asomó por la ventana y llamó a la Alguacil. Esta, desde fuera, indicó que esperara un poco, ya que en breve volvería aquel señor. Yo recibí con agrado la espera, ya que deseaba caminar por la localidad y retratarla.

Caminé por las calles del pueblo sin rumbo, intentando encontrar la iglesia. Por el camino observé muchas casas de adobe, el suelo cementado y la ausencia de aceras. Incluso, en una esquina protegida por sombra, un señor vendía alimentos expuestos en su camioneta.

Ya casi en el término de la población, capturé el depósito de agua con la cámara y, al darme la vuelta, vi a un hombre de pie. Le pregunté por la iglesia, la cual me indicó a lo lejos.

- Si ha venido por el entierro, el cortejo ya va al cementerio. Mire, ahí está- señaló hacia una parte de la calle que yo no podía apreciar desde mi ubicación. Justo en ese lugar surgió un monaguillo portando una cruz de madera en alto. Detrás le seguía el coche fúnebre, la familia del difunto, el cura, el Juez de Paz y varios vecinos-. Tenía 96 ó 98 años. Era el más viejo del pueblo.

El sol calentaba fuertemente cuando entré a la iglesia. El vendedor se hallaba en la puerta despachando alimentos. Dentro del templo, no había nadie, así que pude sacar fotos sin molestar.

Como estaba sedienta, volví a la plaza en la que comenzó todo, donde hay un bar, quizás el único del pueblo. De él me llamó la atención su nombre, de una ciudad africana. La dueña, árabe, me sirvió sonriente, tras atender a varios hombres. Luego se puso a chatear por el messenger. Entonces me sentí en un pueblo literario en el que el espacio era mezcla de muchos otros y en el que habíamos coincidido personas de variada procedencia a un mismo tiempo.

Finalmente, me senté en un banco de la plaza hasta que apareció el juez en un ford. Cinco minutos después me monté en el coche, encendí de nuevo el reproductor de música y continuó Sueño Stereo. Ya era hora de regesar a casa.

Olivia Vicente

Zamora, 11 de julio de 2009

A los que abandonan su lugar de nacimiento en busca de una vida mejor

Y a ti

3 comentarios:

  1. Emocionada e impactada con este relato!!! Cuántos recuerdos!!!
    Y pensar que nunca hice nada para sacar la ciudadanía española o italiana.
    No sé como está la legislación actualmente. Ya que mis avuelos de esa nacionalidad se casaron en Argentina.

    Gracias por hacerme viajar a través del tiempo y la distancia por tantas emociones y sentimientos.

    besazo que ya falta menos.

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  2. disculpa la ortografía!!!
    tengo "loco" al teclado.

    Se contagió de mí!!!!
    besos

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  3. ¡¡Qué bonita situación!!

    Son tántas las personas que abandonan su lugar de nacimiento en busca de una vida mejor.
    Sabés que soy pro-migraciones, asique nada más que decir.
    Qué retrato tan fantástico el de los folios amarillos!

    Besos!

    .Gs.

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