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23 septiembre 2009

Fusionando: "El guardián entre el centeno", "El señor de las moscas" y "El marino que perdió la gracia del mar"

Según el DRAE, un adulto es una persona que ha llegado a su plenitud en cuanto a su crecimiento. Ciertamente, esta definición parece aludir al desarrollo físico y no al intelectual o moral, o, al menos, en apariencia. Lo que sí queda clara es la suposición de que la persona en la edad adulta alcanza su máxima perfección.

La asociación anterior me ha llevado a relacionar tres libros, pues en ellos se cuestiona el binomio adulto-perfección:

-
El guardián entre el centeno (1951) del estadounidense J. D. Salinger.

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El señor de las moscas (1954) del inglés William Golding.

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El marino que perdió la gracia del mar (1963) del japonés Yukio Mishima.

En estas tres novelas existe un tema común: el análisis del comportamiento del ser humano adulto (ya sea o no el punto vertebrador de la trama). Para ello, cada autor asume una perspectiva diferente.

En
El guardián entre el centeno, el adolescente Holden Caulfield critica a los adultos, a quienes hace responsables del detestable mundo que habita:

"Lo que haría sería hacerme pasar por sordomudo y así no tendría que hablar. Si querían decirme algo, tendrían que escribirlo en un papelito y enseñármelo. Al final se hartarían y ya no tendría que hablar el resto de mi vida. Pensarían que era un pobre hombre y me dejarían en paz. Yo les llenaría los depósitos de gasolina, ellos me pagarían, y con el dinero me construiría una cabaña en algún sitio y pasaría allí el resto de mi vida. La levantaría cerca del bosque, pero no entre los árboles, porque quería ver el sol todo el tiempo.

Me haría la comida, y luego, si me daba la gana de casarme, conocería a una chica guapísima que sería también sordomuda y nos casaríamos. Vendría a vivir a la cabaña conmigo y si quería decirme algo tendría que escribirlo como todo el mundo. Si llegábamos a tener hijos, los esconderíamos en alguna parte. Compraríamos un montón de libros y les ensañaríamos a leer y escribir nosotros solos."


(fuente de la cita: www.literaturas.com)

Incluso muestra una visión peyorativa de otros individuos de su edad, pues ya el adolescente imita ciertas pautas del adulto:

"Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haberlas conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de ésas."

(fuente de la cita: es.wikiquote.org)

Sin embargo, los niños para él conservan la belleza de la inocencia y, por tanto, quiere erigirse en su guardián:

"Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno."

(fuente de la cita: aquileana.wordpress.com)

En El señor de las moscas un accidente aéreo obliga a unos niños- únicos supervivientes- a organizarse para sobrevivir en una isla desierta. Así pues plantean un sistema de justicia, defensa, abastecimiento, etc. semejante al que han conocido a través de sus mayores. Con este microcosmos, Golding emplea a los niños como protagonistas de la pérdida de la inocencia y del conflicto existente entre la civilización y la barbarie:

"Roger se inclinó, cogió una piedra, apuntó y la tiró a Henry, con decidida intención de errar. La piedra, recuerdo de un tiempo inverosímil, botó a unos cuatro metros a la derecha de Henry y cayó en el agua. Roger reunió un puñado de piedras y empezó a arrojarlas. Pero respetó un espacio, alrededor de Henry, de unos cinco metros de diámetro. Dentro de aquel círculo, de manera invisible pero con firme fuerza, regía el tabú de su antigua existencia. Alrededor del niño en cuclillas aleteaba la protección de los padres y el colegio, de la policía y la ley. El brazo de Roger estaba condicionado por una civilización que no sabía nada de él y estaba en ruinas."

(fuente de la cita: www.epdlp.com)

En El marino que perdió la gracia del mar, un muchacho observa paulatinamente cómo su madre- viuda desde hace años- se enamora de un marinero, Ryuji. A partir de entonces, el chico analiza sistemáticamente al pretendiente de su madre y llega a la siguiente conclusión:

"Quiere gustarme [refiriéndose a Ryuji]. supongo que gustar al mocoso de tu nueva dama puede resultar a veces tremendamente conveniente."
p. 65 (véase bibliografía final para esta y las otras citas de esta novela)

El informe donde recoge anotaciones lo muestra a su grupo de amigos, pues con ellos comparte su decepción por las personas adultas y el deseo de formar un modelo nuevo de sociedad que sustituya al latente tras la Segunda Guerra Mundial. Entre los cargos que adjudica Noboru a su padrastro se hallan estos:

"CARGOS CONTRA RYUJI TSUKAZAKI

Tercero: Haber respondido cuando le pregunté la fecha de su partida: «Todavía no estoy seguro».

[...] Cuarto: En primer lugar, haber vuelto a casa."
p. 104

Con este argumento, Mishima plantea un choque entre generaciones de difícil solución:

"El marino había estado haraganeando en casa hasta el día siete. Cuando Noboru supo que el Rakuyo había zarpado el día cinco se quedó perplejo. Aquel hombre tan inseparable de la existencia del Rakuyo, del brillo de un buque que se aleja, se había automarginado de aquel hermoso todo y había desterrado de su sueño los fantasmas de la mar y de los barcos."
p. 130

Cabe preguntarse a la vista de lo anterior si la sociedad trazada por los niños o los adolescentes difiere de la establecida por los progenitores. Incluso podríamos cuestionarnos si son posibles otros mundos en el caso de que sea el ser humano el que los diseñe.


BIBLIOGRAFÍA

MISHIMA, Yukio (2003/2008): El marino que perdió la gracia del mar, Madrid, Alianza Editorial.

4 comentarios:

  1. No sé si estaré acertada, pero en mi opinión el comportamiento de Holden Caulfield es el típico de un adolescente. No tiene experiencia de nada, pero se cree en posesión de la verdad. Desprecia el mundo de los adultos y sin embargo lo imita. Por otra parte ¿ se puede llamar belleza al desconocimiento y a la falta de experiencia que tienen los niños? Para mi, sí, al llegar a la edad adulta se llega a la máxima perfección. Aunque no todos seamos perfectos.

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  2. Melibea
    trajiste a mi memoria "El señor de las Moscas" y el horror que me produjo leerlo.
    ¿Sabés por qué? Es que me hizo notar algo que todos hemos visto. La crueldad que puede tener un niño, cuando no tiene las trabas sociales y culturales.
    Me hizo pensar en el NIÑO NATURAL del que se habla en el análisis transaccional. El niño sin límites que llega a ser un psicópata pues no tiene noción de lo bueno y lo malo. Que hace todo para su placer sin registrar al otro. Solo para él...
    Bueno Amiga, llegué a tu blog para leer este post y tambien para invitarte a pasar por el mío a retirar un regalo que preparé para mis seguidores y amigos (entre los que te cuento)
    Con la esperanza de que algún día se haga realidad el cafecito que ilusiones con contigo y SUSURU...
    Un beso

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  3. Interesante post dónde de algún modo queda de manifiesto el tema de los bordes, de los límites y el de los desbordes.

    Niños y adultos debemos trabajar para crecer interiormente siempre. Sólo así lograremos ser mejores personas.

    besotes

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  4. los niños me dan miedo, al leer esto, mucho más jejeje
    besos

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