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09 septiembre 2009

Su propio provecho

Los monopolios asustan, al menos a mí. Hace años que el gigante Microsoft me atemorizaba y, ahora, últimamente, esto comienza a sucederme con Google.

En un primer momento, las aplicaciones de esta empresa me resultaron brillantes e innovadoras, incluso con cierto aire fresco y juvenil. Pienso, por ejemplo, en Google Maps, en Blogger, en Gmail, etc....; sin embargo, ahora me da pánico el hecho de que todo termine como otro monopolio.

Por otro lado, las situaciones de desventaja están favorecidas por el propio capitalismo. Esto es así: o comulgas o terminas hundiéndote en la miseria. Al menos, eso es lo que postulan los fervientes amigos del dinero, confesos o no.

Quizás el hecho de que las empresas privadas promuevan ganancias infinitas con el beneplácito de las leyes no sorprende; no obstante, alarma más que dentro de las administraciones públicas los trabajadores sean capaces de vender a su abuela por una reducción de jornada o por unos puntitos para el traslado.

Empresas privadas y públicas, colectivos e individuos, políticos y votantes aducen que la vida es así, que no queda más remedio que subirse al tren. Tal vez tengan razón; tal vez el ser humano sólo defendió un principio: su propio provecho.

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