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16 abril 2010

Leyendo "El misterio de la cripta embrujada" de Eduardo Mendoza

[...] —Supongo que recuerdas —dijo el doctor Sugrañes dirigiéndose a mí— al comisario Flores, el cual te detenía, interrogaba y a veces ponía la mano encima cada vez que tu, ejem ejem, desarreglo síquico te llevaba a cometer actos antisociales —a lo que respondí afirmativamente—, todo ello, claro está, sin que mediara, bien tú lo sabes, animadversión alguna. Y no sólo eso, sino que él y tú mismo me habéis enterado de que, en ocasiones, habíais trabajado de consuno, es decir, que tú le habías prestado desinteresadamente algún servicio, prueba de, a mi juicio, la ambivalencia de tu actitud de antaño —a lo que asentí de nuevo, ya que por cierto en mis malas épocas no había desdeñado la iniquidad de ser confidente de la policía a cambio de una efímera tolerancia y a costa, en cambio, de concitar la malquerencia de mis cofrades ultra los límites de la legislación vigente, cosa ésta que me había reportado más sinsabores que ventajas a largo plazo.

Convoluto y sibilino, como corresponde a quien ha trepado por la escala jerárquica hasta alcanzar una posición preeminente en su esfera de actividad, el doctor Sugrañes dejó el tema en este punto y se dirigió, oralmente, quiero decir, al comisario Flores, que escuchaba al facultativo con un habano apagado entre los labios y los párpados entrecerrados como si meditara sobre las virtudes de aquél: el habano.

—Comisario —dijo señalándome a mí, pero dirigiéndose al comisario—, está usted en presencia de un hombre nuevo de quien hemos erradicado todo vestigio de insanía, logro del cual no debemos vanagloriarnos los médicos, porque, como usted bien sabe, en nuestra rama profesional la curación depende en un alto porcentaje de la voluntad del paciente y en el caso que nos ocupa me cabe la satisfacción de manifestar que el paciente —volvió a señalarme como si hubiera más de un paciente en el despacho— ha puesto de su parte un esfuerzo tan notable que puedo calificar su comportamiento, lejos de delictivo, de ejemplar. [...]

Fragmento del capítulo 1 de El misterio de la cripta embrujada (1979) de Eduardo Mendoza.

3 comentarios:

  1. Un libro muy divertido. Me reí mucho leyéndolo. Aunque Eduardo Mendoza tiene libros serios. Como La verdad sobre el caso Sabolta. Libro que recomiendo.Besos.

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  2. ¡Hola, Never! Yo también aconsejo encarecidamente la lectura de La verdad sobre el caso Savolta. Es una novela en la que la intriga y la ambientación histórica te atrapan. Un beso

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  3. Bien Meli, no podrías corregir el título. Después me di cuenta que era Savolta como bien has puesto tu.Eso ocurre por no mirar el libro que tengo justo en la estantería. Besos.

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