Actualmente escribo en oliviavicente.com. No obstante, el lector es bienvenido a este espacio y, por tanto, sus comentarios y sugerencias serán tenidos en cuenta.

18 abril 2010

Montmartre, de la perversión al turismo

El barrio de Montmartre se convirtió a mediados del siglo XIX en la casa de pintores, escritores y artistas de toda clase. Allí, en los locales de espectáculos y de prostitución, se reunían para disfrutar del placer y de la tertulia. Debido a esto, Montmartre cayó en desgracia y fue abandonado progresivamente como centro cultural y de entretenimiento. Actualmente se trata de una zona turística en la que los visitantes recorren aquellas calles más populosas, engalanadas con los neones y los carteles de los negocios y de las tiendas de souvenires. Un claro ejemplo de esto es la Place du Tertre, donde numerosos pintores realizan retratos a los turistas y exponen sus obras en puestos.

Un poco más lejos, tomando la Rue Azais, se llega a la Place du Parvis du Sacre Coeur. La iglesia romano-bizantina nació de una promesa, la que llevaron a cabo dos empresarios, quienes, al estallar la Guerra Franco-Prusiana en 1870, juraron que construirían un templo en honor al Sagrado Corazón en el caso de que Francia la ganase.


Esta iglesia cuenta con varios puntos de interés: la fachada, la torre del campanario, el mosaico de Cristo, etc.. Entre todos ellos, como anécdota, destaco la escultura ecuestre de Juana de Arco, otra de las muchas que pueden contemplarse en la capital francesa.

Sin embargo, el encanto de Montmartre reside en deambular por las muchas plazas, las escaleras empinadas, las laberínticas calles... Durante esa pérdida de orientación a la que todo aventurero debe entregarse, resulta sencillo comprender por qué este barrio mantiene el encanto del arte y del erotismo, de la confusión, de la sensualidad.

Para descansar los pies y reponer energías, recomiendo parar en la pizzería Pomodoro, que nos aconsejó un parisino amable e incansable viajero con el que estuvimos conversando en el bar Le Rendez-Vous des Amis. Mientras se disfruta de una comida rica y a precio razonable, brotan comentarios sobre las distintas visitas a museos y los múltiples paseos por la ciudad. Así, entre sabores y olores, las palabras en español se tiñen de acento francés.

A mi compañero de aventuras y al Guillermo francés

2 comentarios:

  1. No tengo la suerte de conocer París. Quizás algún día...

    ResponderEliminar
  2. ¡Hola, Never! Nunca se sabe. Yo creía que no tendría la suerte de regresar a París y ya ves.

    Un besooooooooooo

    ResponderEliminar