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24 mayo 2010

Leyendo "Una muñeca rusa" de A.B.C.

[...] Aparecieron tres caballeros en traje de hombre-rana, caminando de modo ridículo. Uno de ellos era corpulento, de grandes bigotes rubios, de aire de conquistador vikingo, o siquiera normando; otro, un hombrecito, se movía con tanta lentitud que Maceira se preguntó si estaría enfermo, o resolviendo mentalmente un problema, o drogado; el tercero, de tez bastante oscura, parecía enojado y nervioso. Maceira se apresuró a saludar al de aspecto de conquistador. Dijo:
—Mucho gusto, señor Cazalis.
—Acá tiene al señor Cazalis —contestó el normando y señaló al hombrecito.
—Yo, en cambio, no puedo equivocarme; usted es Maceira. Dicho esto, el hombrecito lo miró fijamente, sin pestañear; después movió la cabeza, con resignación. No le dio la mano.
—Soy Le Boeuf —dijo el que parecía normando.
—Me parece que he oído su nombre —comentó Maceira.
—Seguramente lo vio en frascos de coaltar. El orgullo de mi familia. Le presento al zoólogo Koren.
Tras juntar coraje, Maceira previno a Cazalis:
—El marinero dice que no es prudente salir al lago con este mal tiempo. [...]

Fragmento de Una muñeca rusa (1990), relato de Adolfo Bioy Casares

2 comentarios:

  1. Me gusta ese fragmento que has puesto sobre el relato. Espero leerlo. Besos.

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  2. ¡Hola, Never! Este autor es tremendo; incluso he llegado a afirmar, no sin temor a caer en sacrilegios, que es digno púgil de Borges.

    Un saludo

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