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16 septiembre 2010

Leyendo "El retrato de Dorian Gray" de Wilde

Era más de mediodía cuando se despertó. Su ayuda de cámara había entrado varias veces de puntillas en la habitación, preguntándose qué hacía dormir hasta tan tarde a su amo. Dorian tocó finalmente la campanilla, y Víctor apareció sin hacer ruido con una taza de té y un montón de cartas en una bandejita de porcelana de Sévres. Luego descorrió las cortinas de satén color oliva, con forro azul irisado, que cubrían las tres altas ventanas de la alcoba.

-El señor ha dormido muy bien esta noche -dijo, sonriendo.

-¿Qué hora es, Víctor? -preguntó Dorian, todavía medio despierto.

-La una y cuarto, señor.

¡Qué tarde ya! Se sentó en la cama y, después de tomar unos sorbos de té, se ocupó del correo. Una de las cartas era de lord Henry, y la habían traído a mano por la mañana. Dorian vaciló un momento y luego terminó por apartarla. Las demás las abrió distraídamente. Contenían la usual colección de tarjetas, invitaciones para cenar, entradas para exposiciones privadas, programas de conciertos con fines benéficos y otras cosas parecidas que llueven todas las mañanas sobre los jóvenes de la buena sociedad durante la temporada. Había también una factura considerable por un juego de utensilios de aseo Luis XV de plata repujada, factura que Dorian no se había atrevido aún a reexpedir a sus tutores, personas extraordinariamente chapadas a la antigua, incapaces de comprender que vivimos en una época en la que ciertas cosas innecesarias son nuestras únicas necesidades; también encontró varias comunicaciones, redactadas en términos muy corteses, de los prestamistas de Jermyn Street, ofreciéndose a adelantarle cualquier cantidad de dinero sin molestas esperas y a unas tasas de interés sumamente razonables. [...]

Fragmento del capítulo VIII de El retrato de Dorian Gray (1890), novela escrita por Oscar Wilde (1854–1900)
(Fuente del fragmento: es.wikisource.org)

2 comentarios:

  1. Leí esa obra de Oscar Wilde cuando tenía unos 14 o 15 años y me resultó desasosegante...
    Unos 20 años después me pareció magnífica...
    Y ahora vuelvo a sentir desasosiego...es capaz de eso...

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  2. Claro que es capaz de hacerte sentir todo eso este magnífico libro. Es lo bueno de las obras de arte: jamás nos dejan indiferentes.

    Un saludo

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