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09 octubre 2010

Un recorrido por Colombia I. Cartagena: historia y playa (por María Laura Caferatta)

Llegamos a Cartagena de Indias un domingo a las 7.00 de la mañana. La ciudad se encontraba desértica, salvo por vendedores insistentes, pero amables, que no nos dejaban dar dos pasos sin ofrecernos sus servicios o mercancías.

En nuestro primer día, azotadas por el sol intenso de Cartagena, fuimos a conocer sus playas. Allí encontramos más vendedores que nos rodearon ofreciéndonos alquileres de sillas y carpas, lugares para comer, masajes, artesanías, calamares, entre otras cosas. La playa de Cartagena se asemeja bastante a la costa argentina: mar revuelto con olas, agua bastante fría y para nada cristalina.

La atracción turística más importante de Cartagena es el barrio Getsemaní (fotografía superior), también llamado “la ciudad amurallada”, ya que se encuentra cercado por la gran muralla construida durante la época de la colonia. La arquitectura colonial es bellísima: las típicas puertas de madera enormes y los balcones con barrotes, algunos de madera y otros de cemento, adornados con flores coloridas. Las fachadas de las casas y los negocios están pintadas de colores llamativos, como azul intenso, granate o amarillo.

La muralla es impactante (fotografía de la derecha): supera los 3 kilómetros de extensión y tiene una altura entre 6 y 8 metros. Está ubicada en forma paralela al mar con cañones que apuntan a las aguas del Atlántico. Se puede subir a ella, desde donde se la puede recorrer en toda su longitud y apreciar una hermosa vista del mar y de la ciudad.


Fuera de la muralla, la ciudad también tiene su encanto y, a mi parecer, allí se encuentra la verdadera Cartagena y su gente. Los negocios son más informales y precarios: la mayoría son simplemente puestos callejeros en los que se ofrece desde frutas trozadas en vasitos de plástico hasta libros o discos de vinilo. Absolutamente todos los vendedores escuchan salsa o ballenato y bailan al ritmo de la música caribeña, que es la pasión de los “costeños”, como se los llama en Colombia a los habitantes de la costa del Mar Caribe.


En nuestro segundo día en Cartagena, contratamos un tour en la tradicional chiva, un especie de colectivo pintoresco y colorido, que nos llevó a recorrer las afueras de la ciudad. Conocimos un fuerte, el Castillo de San Felipe (donde recorrimos sus túneles subterráneos) y el Palacio de la Inquisición.


En nuestro tercer y último día en Cartagena, contratamos una excursión a las islas Rosario y Barú. Salimos a primera hora de la mañana en una lancha que partió del puerto. A medida que nos íbamos alejando de la costa, el agua comenzaba a volverse cada vez más cristalina y a tomar el característico tono turquesa del Caribe. En esas aguas hermosas hicimos snorkel y luego seguimos camino hacia Playa Blanca, en la Isla Barú, donde encontramos la típica postal del Caribe: agua turquesa, arena blanca, palmeras y ¡hamacas paraguayas!


Playa Blanca – Isla Barú




Esta entrada está escrita por María Laura Caferatta y forma parte de un artículo de viajes más amplio ("Un recorrido por Colombia"), que publico en dos partes: Un recorrido por Colombia I. Cartagena: historia y playa y Un recorrido por Colombia II. Santa Marta: El Rodadero, Taganga, Tayrona y Buritaca. Las fotografías también son obra de la autora.

2 comentarios:

  1. Gracias, Laura, por compartir conmigo y con los lectores tus experiencias por ese país. Espero que te guste la edición del artículo.

    Un abrazo

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  2. Ovi:
    gracias a vos por interesarte en publicarlo. Quedó realmente muy lindo.
    ¡¡¡Besos!!!
    Lau

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