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10 octubre 2010

Un recorrido por Colombia II. Santa Marta: El Rodadero, Taganga, Tayrona y Buritaca (por María Laura Caferatta)

Nuestro próximo destino fue Santa Marta, donde nos alojamos en la parte antigua de la ciudad que, a decir verdad, no nos gustó: encontramos calles sucias, un par de construcciones abandonadas, callecitas internas angostas pobremente iluminadas (no muy agradables para recorrer de noche) y, sobre todo, vimos mucha pobreza y prostitución.

Al día siguiente,
nos tomamos la “buseta” (un colectivo de corta distancia) y fuimos a pasar el día a El Rodadero, que contrasta radicalmente con la parte antigua. El Rodadero es un barrio residencial con una importante infraestructura hotelera. Las playas son muy lindas y tranquilas, aconsejables para los turistas cansados de vendedores insistentes.

Taganga: los mejores atardeceres (fotografía de la izquierda)
Nuestro tercer destino dentro de Santa Marta fue Taganga, un pueblo pequeño de pescadores, pero
en pleno auge de crecimiento turístico, que está ubicado sobre una bahía. Nuestra idea inicial era quedarnos sólo dos días ahí; sin embargo, ni bien llegamos, no nos quisimos ir más. Los atardeceres de este lugar son los mejores que vi en mi vida: a pesar de que el mar de Taganga está sobre el Atlántico, el sol mágicamente se esconde en el mar como una bola de color naranja intenso. Seguramente, existe alguna explicación geográfica —como la ubicación de la bahía— pero para mí, la única explicación es la magia de este lugar. Hacia ambos costados nos encierran cerros marrones que en época de lluvia, nos dirá la gente del lugar, se tiñen de un verde intenso. Los pequeños barcos pesqueros terminan de completar el cuadro. A las seis de la tarde, cuando comienza a caer el sol, sólo dan ganas de quedarse sentado en la playa mirando este espectáculo que dura sólo unos minutos, pero que queda guardado en la memoria para siempre.

En el hostel de Taganga, encontramos la mejor onda e hicimos un grupo lindo de gente, con el que compartimos las divertidísimas noches de este pueblo. A
sí fue cómo nos enamoramos de Taganga y decidimos quedarnos hasta el final de nuestro viaje. Desde allí, nos tomábamos la buseta todos los días a los distintos destinos que teníamos planeado de antemano.

Tayrona: naturaleza pura (fotografías derecha e inferior)

El primero de esos destinos fue el parque nacional Tayrona. En este parque, donde acampamos durante dos días, está toda la naturaleza junta: mar, montaña, selva, cangrejos, monitos en la copa de los árboles, palmeras, plantas exóticas y toda la vegetación típica de la selva. Es una maravilla de la naturaleza donde encontramos muchísima paz.

En nuestro s
egundo día en el parque, emprendimos el ascenso a pie (que nos llevó casi seis horas) a Pueblito, un pueblo arqueológico donde solían vivir los indios Kogui y donde aún hoy viven dos familias descendientes de esa comunidad.

Nuestro siguiente destino fue el río Buritaca, donde el río se une con el mar, formando un paisaje único y hermoso. Y por últim
o, playa Cristal, donde el agua cristalina deja ver los increíbles corales y peces de todos los colores y tamaños.

El último día, nos despedimos de Taganga, su gente y sus atardeceres con mucha tristeza para partir hacia Cartagena, con promesas
de volver a este hermoso país.

Hostel Ocean Reef en Taganga – Santa Marta


Esta entrada está escrita por María Laura Caferatta y forma parte de un artículo de viajes más amplio ("Un recorrido por Colombia"), que he publicado en dos partes: Un recorrido por Colombia I. Cartagena: historia y playa y Un recorrido por Colombia II. Santa Marta: El Rodadero, Taganga, Tayrona y Buritaca. Las fotografías también son obra de la autora.

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